Aníbal Molina, de “idear” la soja, a sembrar algodón en Bragado

En la ciudad de Bragado se hacen remeras de algodón. Sería un dato sin importancia si no se agregara que se confeccionan con el algodón que se produce en esa región de la provincia de Buenos Aires.
Esa sí pasa a ser una noticia. Como se sabe, las principales provincias productoras de algodón de nuestro país son Chaco, Santiago del Estero y Santa Fe. Hasta que hace más de 10 años un inquieto investigador trajo 10 semillas desde la región norte y el cultivo en suelo bonaerense. Así empezó lo que hoy es una realidad que sorprende a muchos.
El autor del descubrimiento es el ingeniero agrónomo Aníbal Molina, quién, en los años 70 ya había sorprendido a los vecinos de esa misma zona, con el “invento de la siembra de la soja”, que desarrolló en el campo de su abuelo en Comodoro Pi, un pueblo del partido de Bragado, donde nació en 1949.


Molina realizó la carrera de Ingeniero Agrónomo en la facultad Agronomía y se formó en el laboratorio de investigaciones agrícolas, con maestros como los doctores Luis Federico Leloir (premio Noble 1970) y Jorge Semolina (pionero en la conservación de suelo en el país).
Molina Investigo y escribió decenas de libros sobre la maleza e insectos. En un viaje al norte del país para profundizar sobre diferentes experiencias sobre los insectos, comenzó su interés por la producción de algodón. Una historia que nos cuenta con entusiasmo:
“De algodón no sabía mucho. En uno de los tantos viajes me traje un capullo a mi campo de Bragado, y comencé a experimentar con 10 semillas, que crecieron, se desarrollaron y salieron la flor con el capullo. Al ver ese resultado decidí armar un plan para adaptar el cultivo a esta región de Buenos Aires. Después de una década puedo asegurarles que el cultivo está adaptado sin ningún problema”.

Molina nos deja en claro que no hay límite para poder trabajar con el algodón.
“Es un cultivo muy noble ya que nunca ha fallado en lo que va en 10 años. Siempre se siembra en noviembre en la región por eso se distingue a la región del norte, donde la época de la siembra es muchas más amplia que la que podemos hacer en Buenos Aires, el manejo es diferente pero la variedad de semillas es la misma que se utiliza, por ejemplo, en el Chaco”, asegura.


Molina explica algunos puntos destacados de la producción: “En la zona es rendimiento del algodón ecológico, se usa menos agroquímicos, no orgánico, porque no cumple los requisitos formales. Se utiliza barbechos (herbicidas) que no son químicos sino mecánicos, por eso podemos decir que en estos años nunca tuvimos ataques de pulgón, ni siquiera el picudo algodonero (plaga más dañina del cultivo del algodón), en esta región bonaerense nunca tuvimos ningún tipo de problemas con ninguna plaga. Y decimos que es ecológico porque la fibra que se utiliza no tiene ningún tipo de químicos”


Insiste en destacar que, si bien es importante el cultivo, tiene gran relevancia al valor agregado: “Cuando uno cosecha y desmota se separa la fibra de la semilla, que después se realizan telas. Por ejemplo, si colocamos 100kg de semillas se prensa y se escurre 7 litros de aceite. Con un pequeño movimiento se transforma en aceite comestible, y ese mismo producto se pude transformar en Biodiesel. Por eso, no se puede hablar de cuantos kilos rinde por hectáreas, como en otros cultivos, como la soja o el maíz. Pero si puedo decir que en esta región de Buenos Aires se puede sacar en una hectárea unas 3.000 remeras, súmale 150 litros de aceite de algodón y 1800 kg de pellet”.


El ingeniero Molina cierra el diálogo con un desafío: “Veo un futuro promisorio para el desarrollo de la producción del algodón en la provincia. Mi idea es proyectar la experiencia con el cultivo de algodón como lo fue la soja en la década del 70. Como la soja se transformó en la base de nuestras exportaciones, el objetivo que planteo ahora es transformarnos en una gran tienda del mundo. Depende de nosotros, los bonaerenses y de todos los argentinos”.
Por: Maxi Galeppi