Es la actividad Agropecuaria, un negocio sin futuro?

por
Lic. Matías Gyukits
Economista Agrario
Coach de Equipos
MG Agro contacto@mgagro.com.ar

Desde 2008 a la fecha, tanto a nivel global, a causa de la crisis Subprime, y en Argentina muy marcadamente con el conflicto con el campo, los negocios han entrado en una fase de decadencia que parecía interminable y a la que ahora aparentemente le ha llegado su instancia final, con una situación de colapso total. Fin. The End. Se fini.

Con la aparición del Coronavirus a fines del año pasado, las economías de las principales potencias mundiales parecieron empezar a colapsar y prácticamente se detuvieron.

En Argentina, con una cuarentena que ya lleva prácticamente dos meses, la actividad económica está paralizada.
Y muchos nos preguntamos “y ahora”?
Miramos lo que vale lo que cosechamos, sea soja, maíz, trigo o carne, y nos parece que no valen nada. Miramos lo que valen nuestros insumos, y nos parecen excesivamente caros. Los números no cierran.

Los años de gloria han quedado en el pasado, y hasta casi en el olvido, sino fuese que se mantienen vivos en nuestra memoria como algo que fue real, y como algo que podría volver a ocurrir.
Mientras tanto estamos tratando de tapar agujeros, y también estamos todo el tiempo pensando en parar o seguir, o si esta actividad en la que estamos tiene futuro o no.

El efecto Lindy
Lindy es una cafetería de Nueva York famosa por su tarta de queso que en los últimos cincuenta años ha sido utilizada como marco teórico en las investigaciones físicas y matemáticas por la heurística que ahí se despliega.
Los actores que se pasaban el tiempo allí, tomando café y hablando de sus colegas, descubrieron que los espectáculos de Broadway que duraban cien días podían llegar a estar en cartelera otros cien. Y que los que duraban doscientos podían estar otros doscientos más. Pues bien, a esta heurística se la conoce como “efecto Lindy”.

En términos del efecto Lindy, podemos pensar que nuestra actividad que se viene desarrollando desde tiempos inmemoriales, se seguirá desarrollando eternamente?
Y más ácidamente: ante esta crisis, quebrarán nuestras empresas y negocios?

En su análisis del efecto Lindy, se llega a la respuestas de metapreguntas ancestrales como ¿quien juzgará al juez? o ¿quién vigilará al vigilante? Pues bien: lo hará la supervivencia.
En nuestros términos, ¿quien juzgará si hacemos buenos negocios y nuestras empresas son sólidas? La supervivencia.

Las cosas que han sobrevivido nos insinúan, ex post, que gozan de cierta solidez, la cual está condicionada a su exposición al daño.

Volviendo a nuestros negocios agropecuarios, que nos depara el destino?  –  Sobrevivirán nuestras empresas a esta crisis? No hay forma de saberlo.

Lo que sí hay son elementos que pueden acercarnos a la respuesta y con cierta antelación permitirnos maniobrar para tratar de evitar el desastre.

Las empresas en general, y en Argentina en particular están expuestas a factores estresantes, a acontecimientos azarosos y al desorden en distintos niveles. Los accidentes pueden ser externos a la empresa, como así también internos de la empresa. Especialmente en los Commodities tenemos la volatilidad de los precios y de los rendimientos. Y en términos probabilísticos, la volatilidad y el tiempo son lo mismo.

Es así como llegamos al centro de la cuestión: importa más el cómo que el qué.
Que algo puede ocurrir (con mayor o menor probabilidad) es seguro.
Que esta situación de precios bajos y demanda limitada (y quizá aún menor en un futuro cercano) es muy probable, y que se extienda en el tiempo, es una posibilidad concreta.
Que en un futuro los precios vuelvan al alza, es posible (y por ahora poco poco probable).

Sabemos qué es lo que tenemos que hacer en nuestras empresas? (Reducir la estructura, por ejemplo).
Y eso que pensamos que tenemos que hacer, es lo que hay que hacer para sobrevivir? Lo que nos lleva a un punto importante: los empresarios somos tomadores de riesgo todo el tiempo.
Y la gestión del tiempo y del riesgo son habilidades, que se pueden desarrollar y que en gran medida dependen de la actitud de cada uno. Lo que nos lleva a La pregunta central, que es ¿cómo vamos a gestionar el tiempo que viene?
La preparación es una actitud y se puede desarrollar. El orden es una actitud y se puede desarrollar.
Ahora ya sabemos de qué depende la supervivencia de nuestras empresas, y de cómo llegar a tiempos mejores. Depende de nosotros.