Bodega de mujeres francesas exportarán el doble

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Monteviejo invirtió US$2,1 millones y apuesta a duplicar sus exportaciones de vino desde la Argentina

La bodega del Valle de Uco, de capitales franceses, ejecutó un plan de inversiones entre 2023 y 2025 para modernizar su operación, incorporar inteligencia artificial y expandir su capacidad productiva; forma parte del proyecto Clos de los Siete

LA NACIONLaura Ponasso

La bodega Monteviejo creció liderada por tres generaciones de mujeres francesas
La bodega Monteviejo creció liderada por tres generaciones de mujeres francesas

“Invertir en una bodega no es una decisión para cinco años, es una decisión para una generación”, define con seguridad Elise Treiber, CEO de Monteviejo. La frase marca el eje que atraviesa la estrategia de esta empresa familiar, que busca trascender en un mercado global cada vez más competitivo.

En 2003, cuando era una niña, Treiber tuvo el honor de cortar la cinta inaugural de la bodega junto a su abuela, la empresaria francesa Catherine Péré-Vergé. Hoy, convertida en la cara de la tercera generación de mujeres al mando, Treiber lidera una etapa de transformación profunda que combina el savoir-faire (en español, el saber hacer) de Burdeos con la audacia tecnológica en el Valle de Uco.

Actualmente, Monteviejo cuenta con 167,5 hectáreas propias, donde el 80% de los viñedos corresponde a malbec, acompañado de cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot, syrah, petit verdot y chardonnay. La bodega produce 1,2 millones de botellas anuales y proyecta un crecimiento basado no en el volumen, sino en el valor.

Catherine Péré-Vergé llegó al Valle de Uco, a fines de los ‘90, invitada por el enólogo Michel Rolland
Catherine Péré-Vergé llegó al Valle de Uco, a fines de los ‘90, invitada por el enólogo Michel Rolland

De acuerdo con Treiber, mientras la industria vitivinícola enfrenta un contexto complejo de caída del consumo y aumento de costos, Monteviejo decidió acelerar su crecimiento: entre 2023 y 2025, la firma ejecutó un plan de inversiones superior a los US$2,1 millones. “Mi responsabilidad es preparar a Monteviejo para los próximos veinte años”, afirma.

En diálogo con LA NACION, en un español que no pierde el acento francés, Elise Treiber analiza los ejes del proyecto familiar.

El “matriarcado” y el puente transatlántico

El éxito de Monteviejo se cimenta en un legado de resiliencia femenina. Su fundadora, Catherine Péré-Vergé, Catherine provenía de una familia propietaria de una empresa de cristal y vidrio en el norte de Francia. Con ese respaldo, y para demostrarle a su padre que ella podía emprender -en una época en la que no era tan común para las mujeres- comenzó a invertir en viñedos en la región de Burdeos (Pomerol) durante los años ‘80.

A fines de los ‘90, llegó al Valle de Uco, invitada por el enólogo Michel Rolland. En un sector entonces dominado por hombres, Catherine fue la única mujer inversionista en el proyecto Clos de los Siete y la primera en construir su propia bodega independiente.

Catherine fue la única mujer inversionista en el proyecto Clos de los Siete
Catherine fue la única mujer inversionista en el proyecto Clos de los Siete

El nombre Clos de los Siete hace referencia a cuatro familias inversoras originales (los Rolland, Cuvelier, Bonnie y Péré-Vergé) dueñas de siete fincas dentro de un mismo predio. La tierra fue adquirida en 1998 y en los años siguientes, bajo el liderazgo de Michel Rolland, las familias construyeron sus propias bodegas aplicando su experiencia.

Para Monteviejo, este eje se fortalece con un vínculo claro con Burdeos. Monteviejo es la traducción al español de Château Montviel, la primera propiedad de la familia en la comuna francesa de Pomerol. Y ese puente cultural se mantiene vivo con intercambios técnicos anuales donde el equipo enológico argentino, liderado por José Mounier, viaja a Burdeos para trabajar en las propiedades familiares, como Le Gay y La Violette.

Eficiencia operativa e inteligencia artificial

Frente a los desafíos de costos y la falta de mano de obra en el Valle de Uco, la bodega ejecutó un agresivo plan de modernización. La inversión de US$2,1 millones (ejecutada entre 2023 y 2025) fue distribuida en tres pilares:

  • Transformación digital: implementación de sistemas de gestión avanzados (ERP y Salesforce) y el uso de inteligencia artificial para el monitoreo de viñedos y la optimización de la selección de uva.
  • Mecanización selectiva: adquisición de maquinaria de última tecnología, como cosechadoras mecánicas para ganar agilidad en momentos críticos de maduración, permitiendo que el equipo humano se enfoque en los procesos artesanales de las líneas de alta gama.
  • Expansión estratégica: la incorporación de 120 hectáreas adicionales que funcionan como una reserva de tierras para asegurar el crecimiento futuro de la marca.

Según los registros de la bodega, a lo largo de 26 años de historia del proyecto en la Argentina, más de US$35 millones fueron enviados desde Europa para el desarrollo de la operación local.

La premiumización y la conquista del mercado externo

De acuerdo con Treiber, Monteviejo decidió enfrentar la caída del consumo interno mediante una estrategia de premiumización. “Nuestro objetivo no es crecer únicamente en volumen, sino en valor”, sostiene.

Bajo esta premisa, la bodega redefinió su portafolio para capturar mayor valor en el segmento de alta gama. El lanzamiento de La Grande Fleur -un malbec de viñedos centenarios que rinde homenaje a su abuela- y la línea Les Fleurs, que explora diversos terroirs del Valle de Uco, marcan esta nueva etapa.

Este enfoque apunta directamente al mercado externo. Actualmente, la bodega exporta el 30% de su producción, pero la meta de la nueva gestión es alcanzar el 50% en el corto plazo, con el foco en mercados clave, como Estados Unidos, Canadá, México y Brasil.

“La historia de Monteviejo demuestra que las grandes inversiones no pueden depender únicamente del contexto económico de un momento determinado. La construcción de la bodega coincidió con una de las mayores crisis que vivió la Argentina. Fue un enorme desafío desarrollar un proyecto de esta magnitud, construir la infraestructura desde cero y hacerlo en una zona donde todavía no existía el desarrollo vitivinícola que hoy conocemos. Pero mi abuela nunca dudó”, enfatiza Treiber.

Por Laura Ponasso

Fuente: La Nación

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