La oportunidad de la bioeconomía
La bioeconomía fue el eje de la Global Bioeconomy Summit, un evento internacional realizado los días 20 y 21 de octubre en Dublín, Irlanda.
La bioeconomía está ganando reconocimiento como una visión del desarrollo capaz de conectar crecimiento económico, innovación, inclusión social y cuidado de la naturaleza. El Global Bioeconomy Summit ( https://gbs2026.org/), realizado los días 20 y 21 de octubre en Dublín, confirmó ese avance y dejó una noticia especialmente significativa para América Latina y el Caribe: Panamá será sede de la próxima edición, en 2028. Por primera vez, la cumbre llegará a nuestra región.
El comunicado del Consejo Asesor Internacional sobre Bioeconomía Global presentado en el encuentro describe una transformación profunda. En poco más de una década, la bioeconomía pasó de ser una propuesta vinculada principalmente con nuevas tecnologías y sustitución de recursos fósiles a convertirse en un marco para pensar cambios en la producción, el empleo y los territorios. Su alcance comprende alimentos, energía, materiales, productos químicos, salud y servicios basados en recursos y procesos biológicos.
Para nuestra región, esta evolución tiene un significado concreto. La combinación de biodiversidad, producción agropecuaria, capacidades científicas y conocimientos locales permite imaginar una inserción internacional con mayor valor agregado. La oportunidad consiste en transformar esos activos en bioproductos, tecnologías, servicios y nuevas empresas, preservando y regenerando los recursos naturales que sostienen esas actividades. Así, la bioeconomía puede ampliar las opciones de desarrollo de países y territorios con características muy diferentes.
América Latina y el Caribe participó activamente en esa conversación. A través del IICA y la Red Latinoamericana de Bioeconomía, contribuyó a tres procesos centrales: la construcción de la Visión Global de Bioeconomía 2040, la elaboración del capítulo regional del informe internacional sobre políticas y la creación de una nueva alianza mundial de redes. La preparación de las contribuciones regionales incluyó una consulta a más de cien instituciones de dieciocho países.
Esta participación muestra una capacidad creciente para articular experiencias y formular propuestas compartidas. La región aportó una perspectiva que vincula biodiversidad con conocimiento, innovación con desarrollo rural y oportunidades económicas con inclusión. También intervino en talleres sobre cooperación, escalamiento de soluciones, métricas y estándares. Son temas decisivos para convertir capacidades científicas y productivas en inversiones, mercados y beneficios concretos para las comunidades.
La Visión Global 2040 presentada en Dublín recoge esa amplitud: propone que la bioeconomía contribuya al desarrollo económico y social, a una sociedad más equitativa y a acciones favorables para el clima y la naturaleza, respetando la capacidad de regeneración del mundo vivo. Se trata de una orientación compartida que admite distintas trayectorias nacionales y regionales. Su valor reside en ofrecer un horizonte común para conectar esfuerzos que hasta ahora muchas veces avanzaban por separado.
El comunicado también destaca el potencial de la bioeconomía para distribuir nuevas actividades industriales en el territorio. Transformar recursos biológicos cerca de su origen puede generar empleo, capacidades técnicas y proveedores locales. Para América Latina y el Caribe, esto abre posibilidades de conectar agricultura e industria mediante biorrefinerías, bioinsumos, biomateriales y aprovechamiento de residuos. Los países pequeños y las economías caribeñas pueden encontrar oportunidades mediante especializaciones y acceso compartido a infraestructura, conocimiento y mercados.
Estas posibilidades requieren cooperación. Ningún país necesita desarrollar por sí solo todas las capacidades de investigación, demostración y producción. Las redes regionales pueden facilitar plantas piloto compartidas, formación de especialistas, proyectos empresariales y vínculos con centros tecnológicos. La nueva Alianza Global para la Bioeconomía, impulsada por el Consejo Asesor Internacional, busca precisamente conectar redes existentes, fortalecer prioridades comunes y facilitar el paso de las estrategias a la inversión y la implementación.
Participar en esos espacios tiene, además, un valor estratégico. El comunicado advierte que la fragmentación de regulaciones, estándares y sistemas de evaluación dificulta el acceso a los mercados. La manera de acreditar sostenibilidad, reconocer productos de origen biológico y medir sus beneficios influirá sobre las oportunidades futuras. Para nuestra región, aportar evidencia y propuestas permite contribuir a reglas que contemplen sus condiciones productivas, ambientales y sociales.
La designación de Panamá ofrece un horizonte para organizar ese trabajo. La iniciativa, liderada por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación panameña, en coordinación con el Consejo Asesor Internacional y con apoyo del IICA y la Red Latinoamericana de Bioeconomía, se plantea como una plataforma para toda América Latina y el Caribe. Permitirá acercar nuestras empresas, instituciones científicas y territorios a socios tecnológicos, inversionistas y organismos de cooperación de todo el mundo.
Los dos años hasta 2028 pueden aprovecharse para preparar proyectos, fortalecer capacidades y construir posiciones regionales. Los países de nuestra región tienen mucho que aportar desde su base de recursos biológicos y experiencias agroindustriales, capacidades científicas, y aprovechamiento de la biotecnología. Dublín confirmó que América Latina y el Caribe forma parte de la construcción de esta agenda. Panamá 2028 ofrece la oportunidad de profundizar ese protagonismo y mostrar cómo la biodiversidad y el conocimiento pueden convertirse en productividad, empleo y bienestar.
Fuente: https://www.clarin.com/rural/dublin-panama-america-latina-oportunidad-bioeconomia_0_fXrsPhUxx5.html
